1 de Enero: El primer latido del año

El 1 de enero no empieza con ruido; empieza con un silencio distinto, un silencio que no pesa, sino que abraza. Es el silencio de las calles vacías, de las casas que aún duermen, de los relojes que parecen caminar más despacio después de la carrera de la noche anterior.

Es un día que huele a comienzo. A algo que se abre. A una página en blanco que no exige nada, solo invita.

Hoy el mundo parece recién lavado por la madrugada. La luz entra por las ventanas con una suavidad nueva, como si también ella quisiera empezar de cero.

El amanecer que trae nuevas promesas

Dicen que el primer amanecer del año tiene un brillo especial. No porque el sol sea distinto, sino porque lo miramos con otros ojos.

Hay quien lo recibe con una taza caliente entre las manos. Hay quien lo observa desde la cama, sin prisa. Hay quien lo encuentra volviendo a casa, con la bufanda aún oliendo a celebración.

Pero todos, de una forma u otra, sentimos que algo se renueva. Que algo se acomoda dentro. Que algo empieza a latir con más fuerza.

Un relato para este primer día

Cuentan que, en un pequeño pueblo, un anciano salía cada 1 de Enero antes de que amaneciera. Caminaba hasta un banco de madera frente al río y se sentaba en silencio, esperando la primera luz.

Una mañana, una niña del pueblo lo siguió, curiosa.

—¿Por qué vienes aquí tan temprano? —preguntó, frotándose las manos por el frío.

El anciano sonrió sin apartar la vista del horizonte.

—Porque es el primer amanecer del año —dijo— es como un visitante tímido. Si no lo esperas, pasa de largo. Pero si lo recibes, te regala algo.

—¿Qué te regala? —insistió la niña.

El anciano pensó un momento.

—Una certeza —respondió—. La de que siempre podemos empezar de nuevo, incluso cuando no sabemos cómo.

La niña se sentó a su lado y juntos, en silencio, vieron cómo el cielo se encendía poco a poco, como si alguien estuviera pintándolo desde dentro.

Años después, cuando la niña ya era adulta, siguió yendo cada 1 de enero al mismo banco; no para buscar respuestas, sino para recordar que los comienzos no se buscan: se reciben.

Un día para caminar con suavidad

El 1 de Enero no pide grandes decisiones, tampoco exige cambios drásticos ni promesas imposibles. Solo nos invita a dar un paso, aunque sea uno pequeño. A respirar un poco más hondo y a mirar el mundo como si fuera la primera vez.

Hoy es un buen día para escribir una frase, no un libro. Para hacer un gesto, no un plan. Para sentir, no para correr.

Porque los años no empiezan con fuegos artificiales. Empiezan con un latido.

¿Qué pequeño gesto te gustaría que marcara el inicio de tu año? Cuéntamelo.

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