2 de Enero: cuando el año abre los ojos en la penumbra
Hay días que pasan sin dejar huella. Y luego está el 2 de enero, ese día que parece insignificante, pero que guarda un pulso antiguo bajo su piel.
No tiene el brillo del primero, ni la euforia de la medianoche. Es un día silencioso, casi tímido, que se desliza entre las horas como si no quisiera ser visto. Pero en su quietud esconde algo que pocos perciben: una llamada suave, un gesto del tiempo, un símbolo que se revela solo a quien sabe detenerse.
Hoy el mundo despierta sin máscaras. Las luces ya no deslumbran, las voces se han apagado y el aire tiene esa transparencia que solo aparece cuando la fiesta termina. Es en este vacío donde algo empieza a moverse, como una corriente subterránea que asciende despacio hacia la superficie.
El 2 de enero es un espejo. Un espejo que no refleja lo que fuiste ayer, sino lo que estás a punto de ser. Un espejo que no muestra tu rostro, sino tu intención.
Y si te quedas quieta un instante, si respiras hondo, si escuchas más allá del ruido que aún queda en tu memoria, sentirás algo. Un latido distinto. Un hilo de luz que se enciende en un rincón que creías apagado. Una certeza que no viene de la razón, sino de un lugar más profundo.
No es una respuesta. No es un plan. No es una promesa.
Es una revelación íntima: la de reconocer que el cambio no llega cuando el calendario lo ordena, sino cuando tu alma decide abrir los ojos.
Hoy, en este día discreto, sin testigos, sin artificios, sin ruido, algo dentro de ti recuerda. Recuerda quién eras antes del miedo. Recuerda lo que deseabas antes de olvidarlo. Recuerda la fuerza que dejaste dormida en algún rincón del tiempo.
Y esa memoria —esa chispa que vuelve— es el verdadero comienzo del año.
No el 1. Ni la medianoche. Ni los fuegos artificiales.
El comienzo es este: el instante en que reconoces que aún estás a tiempo, que aún puedes elegir, que aún puedes renacer.
El 2 de enero no trae milagros. Trae algo más valioso: la revelación de que el milagro eres tú.
Comentarios
Publicar un comentario