NOCHE 2 - La noche del primer paso

Hay noches en las que no pasa nada… y aun así, algo empieza. No lo ves, no lo oyes, no lo puedes medir. Pero lo sientes.

Es ese instante en el que, sin darte cuenta, tu cuerpo se inclina un poco hacia adelante. Tu mente se abre un milímetro. Tu corazón deja de resistirse. No es un gran salto. No es una decisión épica. Es apenas un gesto, una intención, una chispa.

Y sin embargo, ahí está el verdadero comienzo. Porque casi siempre, lo más importante empieza así: con un primer paso tan pequeño que parece invisible.

Esta noche es para eso. Para ese movimiento mínimo que cambia el rumbo sin hacer ruido.

Microrelato — La farola que se encendió sola

La calle estaba vacía. El frío hacía que el aire pareciera más pesado, como si todo el barrio estuviera dormido bajo una manta de invierno. Ella caminaba despacio, sin prisa, sin destino claro. Solo necesitaba aire.

De repente, una farola se encendió a unos metros. No había nadie cerca. No había sensores, ni pasos, ni viento. Solo una luz que decidió despertar en mitad de la oscuridad.

Ella se detuvo. No sabía por qué, pero aquella luz le habló sin palabras. Le dijo que no hacía falta verlo todo. Que no tenía que saber el final. Que bastaba con iluminar el siguiente metro del camino.

Y entonces lo entendió: a veces, el primer paso no lo das tú. A veces, la vida enciende una farola para que te atrevas a avanzar.

Quizá hoy no tengas fuerzas para grandes cambios. Quizá no sepas por dónde empezar. No importa. Solo necesitas un paso pequeño, uno que apenas se note, uno que solo tú entiendas.

Porque cada camino -los fáciles, los difíciles, los que dan miedo y los que dan vida- empieza igual; con una luz que se enciende en mitad de la noche.

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