NOCHE 5 — La noche del hogar
Hay noches en las que no buscamos respuestas, ni caminos, ni promesas. Solo buscamos volver. Volver a un lugar que nos abrace sin pedir explicaciones. Volver a una sensación que nos diga: “Aquí estás bien”.
El hogar no siempre tiene paredes. A veces es una taza caliente, una canción que nos calma, una mirada que nos reconoce. A veces es un recuerdo que nos sostiene. A veces es un gesto que nos devuelve a nosotras mismas. Esta noche es para eso, para volver al hogar, aunque no sepamos exactamente dónde está.
Microrelato — La taza que recordaba un abrazo
La cocina estaba en penumbra. Ella se había levantado sin saber por qué, como si algo dentro la hubiera llamado. No tenía frío, pero encendió la luz suave sobre la encimera. Preparó una infusión sin pensar demasiado. Manzanilla, como cuando era niña.
Se sentó en silencio, con la taza entre las manos. El vapor subía despacio, dibujando formas que desaparecían antes de entenderse. Y entonces lo sintió. No era el sabor, ni el calor, ni el silencio. Era la memoria.
Esa taza, ese gesto, esa noche… le recordaban un abrazo. Uno antiguo, uno que no tenía fecha, pero que seguía vivo en su cuerpo.
No necesitaba más. Esa noche, el hogar era eso: una taza caliente que sabía a ternura.
Cierre
A veces el hogar no es un lugar. Es un instante. Una textura. Un aroma que nos devuelve a lo que somos.
Y cuando lo encontramos, aunque sea por un momento, todo lo demás puede esperar.
Porque volver al hogar —aunque sea en una taza, en una canción, en una memoria— es volver a ti.
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