SERIE: Siete noches para volver a empezar

Dicen que el invierno es una pausa, un paréntesis, un tiempo en el que todo parece detenerse.

Pero en realidad, bajo ese silencio frío, algo se mueve, algo se prepara y algo empieza a despertar.

Después de las fiestas, cuando las luces se apagan y la rutina vuelve a ocupar su sitio, queda un espacio extraño entre lo que dejamos atrás y lo que todavía no sabemos nombrar. Un espacio que a veces pesa, a veces calma, a veces confunde. Un espacio que pide una cosa muy simple: escucharnos.

Por eso nace esta serie. "Siete noches para volver a empezar" no es un manual, ni un propósito, ni una lista de tareas. Es un pequeño viaje interior. Un recorrido suave, nocturno, íntimo. Siete noches para detenerse, sentir, recordar, soltar, mirar hacia dentro y encender una luz nueva.

Cada noche trae una atmósfera distinta. Un microrrelato que susurra más que explica. Una imagen que acompaña. Una reflexión que no obliga, solo invita. Porque volver a empezar no siempre es un salto. A veces es un gesto pequeño, una respiración, una palabra o una chispa.

Si estás aquí, quizá también estés buscando eso; un lugar donde descansar un momento, un rincón donde reconocerte, una noche que te devuelva un poco de claridad.


Bienvenido/a a este viaje. Que estas siete noches te encuentren justo donde estás y te acompañen hacia donde quieras ir.

NOCHE 1 -"La noche del silencio"

Hay noches que no piden nada. No exigen respuestas, ni decisiones, ni planes. Solo te invitan a sentarte un momento contigo mismo, como quien se sienta en un banco frío y escucha cómo respira la ciudad cuando ya no queda nadie en la calle.

Enero tiene ese tipo de silencio. Un silencio que no es vacío, sino espacio. Un silencio que limpia, que ordena, que deja sitio para lo que vendrá.

A veces creemos que empezar el año es correr, hacer listas, marcar objetivos. Pero el verdadero inicio ocurre aquí: en la pausa. En ese instante en que te permites no hacer nada, no ser nada más que tú.

Microrelato

La casa estaba en calma. Las luces apagadas, las ventanas cerradas, el mundo afuera. Y aun así, algo respiraba. Un susurro leve, como si las paredes guardaran un secreto antiguo. Ella se quedó quieta, escuchando. No era miedo. Era la sensación de que, por primera vez en mucho tiempo, el silencio la reconocía.

Quizá esta noche no tengas que avanzar. Quizá solo tengas que escucharte. Porque todo renacimiento empieza así; con un silencio que te hace sitio.

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