30 de Diciembre: El día que recoge lo que dejamos atrás

El 30 de diciembre es un día que casi nadie reclama.

No tiene la nostalgia del 31 ni la magia del 25. Es un día discreto, silencioso, como una habitación donde alguien está doblando ropa antes de un viaje importante.

Pero precisamente por eso es valioso. Porque es el día que nos permite ordenar lo vivido, cerrar cajones, despedir lo que ya no pesa y agradecer lo que sí.

Hoy el mundo parece caminar con pasos suaves. Las calles están más tranquilas, las luces navideñas parpadean sin prisa, y en el aire flota una sensación de pausa, como si el año respirara hondo antes de su último acto.

Un relato para este día

Dicen que, en una casa antigua, una mujer encontró una caja que no recordaba haber guardado. Dentro había pequeños objetos que parecían insignificantes: un ticket de tren, una servilleta con una frase escrita, un botón suelto, una llave sin cerradura.

Cada objeto tenía una historia. Cada historia tenía un eco.

Mientras los tocaba, comprendió que el año no se medía en meses, sino en instantes. Y que el 30 de diciembre era el día perfecto para escucharlos.

Cerró la caja con cuidado. No para olvidar, sino para honrar.

Porque hay cosas que no se tiran: se guardan en el lugar exacto donde la memoria respira.

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