Umbra: Las voces del subsuelo
El amanecer había devuelto el color a Umbra, pero no la calma. La ciudad parecía contener la respiración, como si la luz recién nacida hubiera despertado algo que llevaba demasiado tiempo dormido. Lía lo notaba cada vez que caminaba por las calles. Su sombra plateada, antes suave y silenciosa, ahora vibraba con una inquietud que no sabía cómo interpretar. Milo, por su parte, había comenzado a dibujar líneas nuevas en sus mapas, líneas que él no recordaba haber trazado. Y el Guardián de la Luz… simplemente observaba, como si supiera que la claridad no era un final, sino un umbral. Todo comenzó tres días después del amanecer. Lía cruzaba la plaza central cuando su sombra plateada se detuvo. No se movió con ella. No la siguió. Se quedó quieta, tensándose como un animal que escucha. —¿Qué ocurre? —preguntó Milo, acercándose con el mapa bajo el brazo. Lía no respondió; había un sonido, un murmullo, un susurro que no venía del viento ni de las calles, sino que venía de debajo de el...