Umbra: El nombre de la luz
La pequeña sombra dormía en las manos de Lía. Su respiración era leve, como si aún dudara de que debía existir. Cada vez que exhalaba, una chispa de luz se desprendía y flotaba sobre la fuente de su origen. Milo la observaba con una mezcla de ternura y desconcierto. —¿Crees que entiende lo que es? —preguntó. Lía sonrió. —No necesita entenderlo. Solo sentirlo. El Guardián se acercó, su linterna encendida por primera vez desde el amanecer. —Toda creación busca su nombre —dijo—. Sin nombre, la luz no sabe dónde quedarse. La sombra abrió los ojos; eran dos puntos de brillo puro, tan intensos que por un instante Umbra pareció detenerse. Las torres dejaron de vibrar, las calles se silenciaron y el aire se volvió transparente. —¿Cómo sabremos su nombre? —preguntó Milo. Lía miró hacia la fuente. El agua líquida se movía en espirales, formando letras que no pertenecían a ningún idioma. Cada símbolo era una emoción: curiosidad, miedo, esperanza, memoria. —No lo elegiremos —dijo ell...