Umbra: El nombre de la luz

La pequeña sombra dormía en las manos de Lía. Su respiración era leve, como si aún dudara de que debía existir. Cada vez que exhalaba, una chispa de luz se desprendía y flotaba sobre la fuente de su origen.

Milo la observaba con una mezcla de ternura y desconcierto. —¿Crees que entiende lo que es? —preguntó.

Lía sonrió. —No necesita entenderlo. Solo sentirlo.

El Guardián se acercó, su linterna encendida por primera vez desde el amanecer. —Toda creación busca su nombre —dijo—. Sin nombre, la luz no sabe dónde quedarse.

La sombra abrió los ojos; eran dos puntos de brillo puro, tan intensos que por un instante Umbra pareció detenerse. Las torres dejaron de vibrar, las calles se silenciaron y el aire se volvió transparente.

—¿Cómo sabremos su nombre? —preguntó Milo.

Lía miró hacia la fuente. El agua líquida se movía en espirales, formando letras que no pertenecían a ningún idioma. Cada símbolo era una emoción: curiosidad, miedo, esperanza, memoria.

—No lo elegiremos —dijo ella—. Lo escucharemos.

La sombra levantó su pequeña mano y tocó la superficie de la fuente. El agua se iluminó y una palabra emergió, escrita en luz.

Umbriel.

El Guardián bajó la cabeza. —La ciudad ha hablado —susurró—. Le ha dado un nombre.

Milo repitió el sonido, como si probara su peso. —Umbriel… suena como un eco de Umbra, pero más claro, como si la sombra hubiera aprendido a pronunciar la luz.

La pequeña sombra —Umbriel— sonrió. Su forma se volvió más definida, más humana, y en ese instante la ciudad entera comenzó a reflejar su rostro en cada superficie.

Las ventanas mostraban su silueta, las calles repetían su paso y las luces imitaban su respiración.

Umbra había creado su primer reflejo consciente: una sombra con nombre, una luz con memoria.

Lía la sostuvo con cuidado. —Ya no somos solo testigos —dijo—. Somos parte de lo que nace.

El Guardián apagó su linterna. —Entonces el ciclo se ha cumplido —dijo—. La sombra ha aprendido a nombrarse.

Milo miró al horizonte, donde el amanecer se mezclaba con el resplandor de la fuente. —No —corrigió—. El ciclo apenas comienza.

Umbriel levantó la vista hacia el cielo. Una línea de luz cruzó Umbra, como si el mundo entero escribiera su nombre.

Así termina la duodécima historia. Y comienza la era en la que Umbra aprende a reconocerse en lo que crea.

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