El tren que viaja hacia lugares que aún no han sido soñados

No tiene horario, no tiene tampoco una estación fija. El tren aparece cuando quiere, donde quiere y solo para quienes están listos para dejar atrás aquello que conocen.

Dicen que no tiene ruedas, sino raíces; que en lugar de ir por rieles, sigue por unas líneas invisibles que atraviesan pensamientos, deseos y recuerdos. Su silbido no suena como vapor, sino como un suspiro profundo, como el eco de una idea que aún no ha nacido.

Esa noche, Elías caminaba por una calle que no recordaba haber visto antes. Las farolas parpadeaban como si dudaran de su propia existencia. El aire olía a papel antiguo y a lluvia que aún no había caído. Entonces lo escuchó: un sonido lejano, envolvente, como si el mundo estuviera llamándolo desde otro lugar.

El tren apareció entre dos edificios que no deberían tener espacio para una vía. Era largo, elegante, cubierto de símbolos que cambiaban de forma cuando uno los miraba demasiado tiempo. Las ventanas mostraban paisajes imposibles: ciudades flotantes, bosques que cantaban, desiertos con lunas múltiples.

Una puerta se abrió sin hacer ruido.

Elías dudó. No sabía a dónde lo llevaría. No sabía si volvería. Pero algo dentro de él —algo que había estado dormido durante años— despertó. Y sin pensarlo más, subió.

El vagón estaba vacío, salvo por un asiento que parecía hecho de memoria. Cuando se sentó, el tren comenzó a moverse. No hacia adelante, ni hacia atrás. Hacia adentro.

Viajó por sus sueños olvidados, por las versiones de sí mismo que nunca se atrevió a ser. Vio lugares que nadie había imaginado aún, y sintió que el universo le susurraba que todo era posible.

Cuando despertó, estaba en otra ciudad. O quizás en otro tiempo. El tren ya no estaba. Pero en su bolsillo encontró un billete con una frase escrita a mano:

"Gracias por soñar con nosotros. El próximo viaje será aún más extraño."

Comentarios

Entradas populares de este blog

La casa donde los objetos recuerdan

Comienza una nueva saga: viajamos por las Maravillas del Mundo

El faro que despierta solo para algunos