La biblioteca donde los libros eligen a las personas

No aparece en ningún mapa, tampoco tiene una dirección, horario o un bibliotecario. La Biblioteca Errante surge únicamente cuando alguien necesita una historia que aún no sabe que la necesita.

A veces se manifiesta como una puerta entre dos árboles; otras, como una escalera que desciende desde una nube baja. Pero esa noche, para Inés, apareció como un reflejo en un charco: un edificio antiguo, imposible, que no estaba allí un segundo antes.

Cuando dio un paso, el agua no salpicó. Atravesó la superficie como si fuera humo, y al otro lado encontró un pasillo interminable lleno de estanterías que parecían respirar.

Los libros no estaban ordenados por autor ni por género. Se movían solos, deslizándose por las baldas como peces en un río silencioso. Algunos abrían sus páginas para dejar escapar un destello; otros murmuraban fragmentos de historias en idiomas que no existían.

Inés avanzó con cautela. Ella no sabía qué buscaba, pero la biblioteca sí.

Un pequeño libro de tapa azul se desprendió de una estantería alta y flotó hasta ella. Se detuvo frente a su pecho, como esperando su permiso. Cuando ella lo tomó entre las manos, sintió un latido. No el suyo, sino del libro.

Al abrirlo, no encontró palabras. Encontró una serie de escenas: recuerdos que no eran suyos, futuros posibles o caminos que había descartado sin darse cuenta. El libro le mostraba quién podía ser si ella dejaba de tener miedo.

Las páginas cambiaban con cada respiración. En una, se veía viviendo en una ciudad luminosa. En otra, enseñando a niños a inventar mundos. En otra, caminando por un bosque que parecía conocerla.

Cuando cerró el libro, este se deshizo en un polvo dorado que se pegó a su piel como si quisiera quedarse con ella un poco más.

La biblioteca comenzó a desvanecerse. Las estanterías se volvieron transparentes, los libros regresaron a sus lugares y el pasillo se convirtió de nuevo en un simple reflejo en un charco.

Inés parpadeó. Estaba de vuelta en la calle. Pero algo había cambiado.

En su bolsillo encontró una tarjeta con tan solo una palabra escrita:

“Elige.”

Y por primera vez en mucho tiempo, sintió que podía hacerlo.

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