31 de Diciembre: La noche en que el tiempo se detiene un segundo

El 31 de diciembre no es solo el final de un año.

Es un umbral. Un borde luminoso donde se mezclan la nostalgia y la esperanza, el cansancio y la ilusión, lo que fuimos y lo que aún no sabemos que seremos.

Es una noche que tiene algo de ritual antiguo: las mesas preparadas, las luces encendidas, los relojes esperando su momento. Todo parece contener la respiración.

Y cuando faltan segundos, el mundo entero se sincroniza en un mismo latido.

El ritual del espacio abierto

Dicen que, antes de que llegue la medianoche, existe un ritual silencioso que ayuda a cerrar el año con intención. No requiere correr, ni supersticiones, ni ruido. Solo un rincón, una vela y un gesto.

Consiste en hacer espacio.

Elige un lugar pequeño de tu casa: una mesa, una repisa, un alféizar. Límpialo con calma, como si estuvieras despejando un pequeño altar interior.

Coloca tres cosas:

  • Una vela blanca, para iluminar lo que viene.

  • Un objeto que represente lo que quieres dejar atrás.(un papel escrito con lo que dejas)

  • Otro que simbolice lo que deseas recibir.

Enciende la vela. Respira. Y di en voz baja, o solo para ti:

“Hago espacio para lo que viene. Agradezco lo que se queda. Suelto lo que ya no me acompaña.”

Después, guarda el objeto del deseo para el nuevo año. El otro, el que representa lo que dejas atrás, déjalo ir de la forma que prefieras (quémalo). El gesto es lo que importa.

Un relato para esta noche

Cuentan que, en una ciudad cualquiera, un hombre salió al balcón justo antes de la medianoche. No buscaba fuegos artificiales ni ruido. Solo quería mirar el cielo.

En su mano tenía un papel doblado: una lista de cosas que había querido hacer y no hizo y otra de cosas que no esperaba y que, sin embargo, llegaron.

Cuando el reloj marcó las doce, no gritó, no brindó, no pidió deseos. Solo dejó que el papel se abriera con el viento.

Las palabras se elevaron como pequeñas luciérnagas. Y él comprendió que no hacía falta cumplirlo todo para sentirse vivo. A veces basta con seguir caminando, con seguir intentando, con seguir soñando.

El año nuevo llegó sin estruendo. Pero llegó con una certeza suave: la de que cada comienzo es una oportunidad y cada final, un acto de valentía.

¿Qué espacio quieres abrir en tu vida al comenzar el nuevo año?

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