El día en que la historia aprendió a recordar — Los Santos Inocentes

El 28 de diciembre llega envuelto en una mezcla extraña: risas, bromas, titulares increíbles…, sin embargo, detrás de todo ello se esconde una de las historias más antiguas y conmovedoras del cristianismo. Un día que nació del dolor, pero que con los siglos se transformó en algo completamente distinto.

Hoy lo celebramos con inocentadas, pero su origen es mucho más profundo.

El origen: un rey, un miedo y una orden cruel

Según el Evangelio de Mateo, hace más de dos mil años, el rey Herodes I el Grande recibió la noticia de que había nacido un niño llamado a ser “Rey de los Judíos”. Temiendo perder su poder, ordenó una matanza terrible: eliminar a todos los niños menores de dos años nacidos en Belén.

A esos pequeños se les llamó Santos Inocentes, porque murieron sin culpa alguna y son considerados los primeros mártires cristianos.

Es un episodio duro, casi imposible de imaginar, pero que marcó profundamente la tradición cristiana y quedó grabado en la memoria colectiva.

Un relato para recordar sin herir

Cuentan que, aquella noche, una madre de Belén sostenía a su hijo mientras el pueblo dormía. El aire era frío y el silencio parecía más pesado que de costumbre. De pronto, escuchó pasos apresurados, voces tensas, un rumor que crecía como una sombra.

La mujer abrazó al pequeño con fuerza. No sabía exactamente qué ocurría, pero el instinto le gritó que lo protegiera.

En medio del caos, una vecina entró corriendo en su casa.

—¡Corre! —susurró—. ¡Herodes ha dado una orden terrible!

La madre no preguntó. Salió a la noche con su hijo envuelto en un manto, guiada solo por la luna y por el miedo. Caminó hasta que el amanecer tiñó el cielo de rosa.

Cuando por fin se detuvo, exhausta, miró a su hijo dormido y comprendió que, aunque el mundo podía ser cruel, también existía la esperanza: la de quienes protegen, la de quienes huyen para salvar, la de quienes recuerdan para que la historia no se repita.

Ese amanecer, dicen, fue el primero en el que Belén lloró… pero también el primero en el que la memoria comenzó a nacer.

¿Cómo pasó de tragedia a día de bromas?

Con el paso de los siglos, esta fecha se mezcló con antiguas celebraciones festivas y burlescas, como la Fiesta de los Locos, donde se invertían roles y se hacían juegos y bromas públicas.

Así, lo que comenzó como una conmemoración solemne terminó fusionándose con tradiciones populares de humor, dando lugar a las inocentadas que hoy conocemos en España y Latinoamérica.

Una ironía histórica: un día nacido del dolor se convirtió en un día de risa.

Un día para recordar con luz

El 28 de diciembre no es solo un día de bromas. Es también una invitación a recordar a quienes no tuvieron voz, a quienes la historia llamó “inocentes”, y a quienes, sin saberlo, se convirtieron en símbolo de fragilidad y esperanza.

Quizá por eso, entre broma y broma, este día guarda un eco suave, casi imperceptible, que nos recuerda que la memoria también puede ser un acto de amor.

¿Conocías el origen de Los Santos Inocentes?¿Qué significado tiene para ti el Día de los Santos Inocentes: tradición, historia, humor… o un poco de todo?

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