El origen de San Esteban (26 de Diciembre)

El 26 de diciembre, justo después de la Navidad, la tradición cristiana recuerda a San Esteban, considerado el primer mártir del cristianismo. Su figura aparece en los Hechos de los Apóstoles, donde se explica que fue uno de los siete primeros diáconos elegidos para ayudar a los apóstoles en la atención a los más necesitados y en la organización de la comunidad naciente.

Esteban era conocido por su sabiduría, su capacidad para hablar con claridad y su profunda fe. Su defensa apasionada del mensaje de Jesús provocó tensiones con las autoridades religiosas de la época, lo que finalmente llevó a su condena y muerte por lapidación. Su martirio marcó un antes y un después en la historia cristiana, convirtiéndolo en símbolo de valentía, entrega y fidelidad.

Por eso, la Iglesia celebra su festividad el 26 de diciembre, como una forma de honrar a quienes, como él, dieron su vida por sus creencias.

¿Por qué se celebra especialmente en Cataluña?

En Cataluña, el Día de Sant Esteve tiene un significado muy especial. Más allá del aspecto religioso, es una jornada profundamente arraigada en la tradición familiar.

Antiguamente, cuando los desplazamientos eran largos y difíciles, las familias se reunían el 25 de diciembre, pero necesitaban un día más para regresar a sus hogares. Así nació la costumbre de celebrar el 26 como un día festivo adicional, dedicado a compartir sobras de la comida de Navidad —los famosos canelones de Sant Esteve— y a prolongar la convivencia familiar.

Es un día que huele a hogar, a calma y a tradición.

Un pequeño relato para recordar a Esteban

Dicen que, la noche antes de su martirio, Esteban caminó por las calles silenciosas de Jerusalén. El aire era frío, pero él sentía una paz profunda, como si una luz interior lo guiara. Mientras avanzaba, vio a un niño sentado en un escalón, temblando de frío. Sin pensarlo, se quitó su manto y lo colocó sobre los hombros del pequeño.

—¿Por qué haces esto? —preguntó el niño, sorprendido. —Porque todos merecemos un poco de calor —respondió Esteban—. Y porque el amor siempre encuentra la manera de multiplicarse.

El niño sonrió y en sus ojos brilló algo que Esteban no olvidaría jamás: una chispa de esperanza.

A la mañana siguiente, cuando fue llevado ante quienes lo juzgarían, Esteban recordó aquella mirada. Y comprendió que, aunque su vida estuviera a punto de terminar, su gesto —como tantos otros— seguiría vivo en cada acto de bondad que alguien realizara en su nombre.

Desde entonces, muchos creyentes ven en San Esteban no solo al primer mártir, sino al hombre que, incluso en sus últimas horas, eligió la compasión.

Un día para la memoria y la familia

Hoy, el 26 de diciembre, es una invitación a recordar a quienes abrieron caminos con su ejemplo, pero también a valorar la calidez de la familia, la importancia de los gestos pequeños y la belleza de prolongar la celebración un día más.
En Cataluña, en Baleares, en la Comunidad Valenciana y en muchos lugares del mundo, Sant Esteve sigue siendo un día para reunirse, compartir y agradecer.

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