NOCHE 4 — La noche de la promesa
Una promesa no es una obligación. Es un gesto de cuidado. Es decirte: “Estoy contigo, incluso cuando no todo sale bien”.
Esta noche es para eso. Para recordar que las promesas más importantes no se hacen a los demás, sino a ti misma. Y que cumplirlas no es perfección, es presencia.
Microrelato — La vela que no se apagó
La ventana temblaba. El viento golpeaba los cristales con una insistencia que parecía querer entrar. Ella estaba sola, en una habitación pequeña, con una vela encendida sobre la mesa.
No era una vela especial. No tenía aroma, ni forma bonita, ni color llamativo. Pero llevaba encendida muchas horas. Y seguía ahí, firme, tranquila, sin rendirse.
Ella la miraba en silencio. No sabía por qué, pero esa vela le recordaba algo. Una promesa que se había hecho hacía tiempo. Una frase que había susurrado sin testigos: “No importa cuánto tarde. No voy a soltarme.”
El viento siguió soplando. La ventana siguió temblando. Pero la vela no se apagó.
Las promesas que te haces a ti misma no necesitan testigos. Solo necesitan que las recuerdes cuando todo tiembla. Que las sostengas cuando el viento sopla. Que las cuides como esa vela: sin ruido, sin prisa, sin rendirse.
Porque a veces, lo que te mantiene en pie no es lo que los demás esperan de ti, sino lo que tú decidiste no soltar.
Comentarios
Publicar un comentario