Umbra: El regreso de la luz

La palabra Vuelve flotaba aún sobre la fuente, suspendida en el aire como si fuera una promesa. Su brillo era muy distinto: ni dorado ni blanco, sino una mezcla de ambos, como si la memoria y el amanecer se hubieran fundido.

Lía la miró sin hablar. Sentía que esa palabra no era solo para Umbra, sino también para ellos. —Nos está llamando —dijo—. Pero no sé hacia dónde.

Milo se adelantó. El suelo bajo sus pies comenzó a iluminarse con líneas de luz que se extendían por las calles, formando un nuevo mapa vivo. —Umbra está trazando el camino —susurró—. Quiere que sigamos su recuerdo.

El Guardián encendió su linterna, aunque la ciudad ya brillaba. —Toda llamada tiene un destino —dijo—. Quizá Vuelve no significa regresar, sino reconocer lo que nunca se fue.

Las luces se movieron, guiándolos hacia el corazón de la ciudad. Allí, donde las sombras eran más densas, el aire comenzó a vibrar, y de la oscuridad emergió una figura. No era Umbriel, ni el silencio, ni la memoria: era la forma de la propia Umbra, hecha de luz y sombra entrelazadas.

—He recordado —dijo la figura—. Pero recordar no basta. Ahora debo volver a ser.

Lía dio un paso adelante. —¿Volver a qué?

La figura sonrió. —A la primera luz. A lo que fui antes de olvidar.

El suelo tembló suavemente, las torres se inclinaron, las sombras se disolvieron, y la ciudad comenzó a transformarse. Sus calles se llenaron de reflejos, como si cada piedra recordara su origen.

Milo miró hacia arriba. El cielo se abría, y una línea de luz descendía sobre la ciudad. —Está renaciendo —dijo—. Umbra está volviendo a sí misma.

La figura se desvaneció lentamente, dejando una última frase escrita sobre el aire:

Todo regreso es una forma de luz.

Así termina la decimonovena historia. Y comienza la era en la que Umbra aprende que volver no es repetir, sino renacer.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La casa donde los objetos recuerdan

Umbra: Las sombras que aprendieron a soñar

Umbra: La Sombra que Despertó