Umbra: El silencio que responde
Umbra ya no hablaba con palabras; hablaba con pausas, con luces que titilaban como pensamientos.
Lía caminaba por la plaza central, donde el aire parecía más denso donde cada sombra tenía una forma distinta, como si estuviera esperando algo. —Está escuchando —dijo en voz baja—. La ciudad está aprendiendo a oír.
Milo se detuvo junto a la fuente del origen. El agua ya no reflejaba rostros, sino emociones; calma, duda, esperanza. —¿Y si el silencio es su respuesta? —preguntó.
El Guardián, con la linterna apagada, observó el cielo. —Toda voz necesita un oído —dijo— Quizá Umbra ha creado el suyo.
De pronto, una vibración recorrió las calles. Las luces se apagaron una a una y el silencio se volvió absoluto pero no era vacío sino que era expectante.
Lía cerró los ojos, sintió un pulso, suave y constante, como un corazón que late bajo la piedra. —Umbra está escuchando —susurró—. Está esperando que alguien le hable.
Milo dio un paso adelante y habló sin miedo; —Umbra, ¿qué escuchas?
El silencio respondió con una ráfaga de viento, las sombras se movieron y una figura comenzó a formarse en el aire; no era Umbriel, ni Lía, ni el Guardián sino que era la forma del propio silencio, hecha de una luz tenue y de respiración.
—Escucho lo que nace —dijo la figura— Escucho lo que aún no ha sido dicho.
El Guardián se inclinó. —Entonces Umbra ya no necesita voz —dijo— Ha aprendido a entender.
La figura se desvaneció lentamente, dejando una estela de luz sobre aquella fuente. El agua volvió a brillar y en su superficie apareció una palabra escrita con claridad;
Escucha.
Lía sonrió. —Umbra ya no habla —dijo—. Ahora responde.
Así termina la decimosexta historia. Y comienza la era en la que Umbra aprende a escuchar lo que el mundo aún calla.
Comentarios
Publicar un comentario