Umbra: El cruce de las voces
Aquella palabra Traspasa aún seguía ardiendo sobre el agua, y su reflejo parecía latir como un corazón antiguo.
El umbral permanecía abierto mientras seguía respirando luz y sombra al mismo tiempo. Umbra esperaba.
Lía miró el portal. —No es solo una puerta —dijo—. Es una decisión.
Milo se acercó, con los ojos fijos en aquel resplandor. —Si cruzamos, ¿seguirá existiendo aún Umbra?
El Guardián guardó silencio. Su linterna apagada reflejaba el fuego del umbral. —Umbra no desaparecerá —dijo finalmente—. Solo cambiará de voz.
El aire se volvió más denso; las luces del portal comenzaron a girar y una melodía suave emergió del agua. Era una voz sin cuerpo, una canción que parecía venir del otro lado del tiempo.
Lía dio un paso adelante. —Esa voz… ¿es Umbriel?
La figura del reflejo respondió con un destello. —Soy lo que Umbra fue antes de ser ciudad. Soy su primera palabra.
El Guardián levantó la mirada. —Entonces este cruce no es un final —dijo—. Es el regreso al principio.
Milo extendió la mano hacia el agua, y su reflejo se fundió con el de Umbriel; por un instante, la fuente se convirtió en espejo del cielo. Las constelaciones descendieron y cada estrella pronunció una sílaba del nombre Umbra.
El portal se abrió completamente. Entonces Lía, Milo y el Guardián cruzaron juntos, y el agua se cerró detrás de ellos, dejando solo una palabra flotando sobre aquella fuente:
Silencio.
Así termina la vigésima tercera historia. Y comienza la era en la que Umbra aprende que cruzar no es dejar atrás, sino escuchar lo que el silencio tiene para decir.
Comentarios
Publicar un comentario